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domingo, 5 de julio de 2015

Capítulo 3

☆-Relación Extraña-☆

Mientras el idiota de Tit y Yukin se intoxicaban de sake en el interior de uno de los apartamentos de aquel desvencijado edificio en los barrios más pobres Cayse estaba recargada en la espalda de Jek y éste fumaba tranquilamente en la calle cargando a su sublíder como si pesara lo de una pluma. En otras circunstancias ambos hubiesen estado dentro, tomando y riendose sin sentido; pero hoy ella tenía ganas de hablar y desahogarse por lo de la tarde.

 -La estúpida vieja de Sayori volvio a meter la pata ¡Me dijo drogadicta! -Hablaba con mucha más calma que en la mañana, pues estaba en la espalda de Jarek; cosa que la reconfortaba: con él, la vida parecía estar siempre de noche, siempre tranquila; Jek era así.- También dijo que andaba en las calles como una sucia vagabunda.
 -No te debe importar lo que diga Cas. -Sostubo el cigarrillo entre sus labios y dijo aquello con un tono desinteresado, pese a que realmente sentía la necesidad de ir contra esa estúpida y torcerle el cuello.- Eres la mejor gangster del país, no eres inepta como para irte con esos idiotas. -No era bueno con los cumplidos, su carácter no se lo permitía; pero Cayse ya estaba acostumbrada a su extraña y eceptica forma de hablar que sabía distinguir todos los rasgos que le decían las intenciones del pelinegro-.
 -Gracias Jek. -Sonrió acariciando a modo de agradecimiento el suave cabello de su protector y mejor amigo varón desde hace dos años-. Te quiero mucho, lo sabes ¿no?
 -Lo se Cas. -Sonrió ladinamente, escupiendo el cigarro a un par de metros alejados de ellos, echando su cabeza un poco hacia atras y posando sus labios sobre los de la ojiazul en un gesto natural. No hay negación, deseo, vergüenza o confusión por parte de ninguno de ellos dos; es algo que ya se da normalmente-.

Él y ella eran iguales; tanto física, psicológica y mentalmente: Ambos tenían ojos azules, cabellos negros sedosos y piel pálida; ambos no dudarían en empuñar un arma contra cualquiera si ese alguien amedrentaba contra sus seres queridos; y ambos habían detestado a su progenitora desde muy chicos por ser comparados con su hermana menor, y pese a eso su hermana menor era la primera persona por la que darían todo sin dudarlo.

Un beso entre Cayse y Jarek era algo normal, porque eran iguales; y ya no existía culpa alguna por aquello: su primer beso había sido hace un año, y no fue con fines amorosos; ni en aquel primer beso ni en todos los que siguieron.

♣~Flash Back~♣

Las cosas se habían puesto tensas por aquel entonces para EK y SB, ya que en una pequeña pero peligrosa pelea en la que por poco se salvan habían recolectado información de las familias de ambas leyendas urbanas y amenazaron con sobornarlas para que la pandilla sediera territorio; por suerte, lograron exterminar a los espias sin que sus parientes sospecharan algo.

A causa de eso, y por seguridad e intereses propios, se mudaron cuanto antes a Tokyo. Ese mismo día en el aeropuerto la pelinegra se acercó a ese muchacho despiadado en combate y le confesó que sentía cierta atracción hacia él; pero éste de manera muy sincera contestó con un inexpresivo "Es mi superior, sublíder, amiga y segunda hermana; no puedo verla de otra forma, y usted está confundida debido a su entrada a la adolecencia. No sea estúpida y reconozca que sólo es un capricho". Y la famosa e impasible SB no supo si era verdad o no; solamente recordó de ese día que luego de aquello golpeó al miembro más talentoso (después de ambas líderes) de toda la pandilla de gangsters de Kyoto con tal fuerza que él se vio estampado contra una pared diez metros por detrás de sí teniendo una marca de nudillos en toda la cara.

Medio año después de la mudanza y estando a principios del primer año de instituto medio superios se festejaba con fervor en un bar: La pandilla de Kyoto había ganado una pelea muy importante por los territorios de Nagasaki en el sur; donde "Viento Veloz" y "Fuego Descontrolado" habían acabado y dejado K.O. a más de la mitad de gangsters enemigos con las manos desnudas. En ese salón todos estaban pasados de copas, y la sublíder no era la excepción: se había subido a una de las mesas con botella en mano y mejillas sonrosadas; y estaba aventando a diestra y siniestra insultos a todos los miembros que encontraba a su paso sin descaro alguno ni pelos en la lengua.

El mayor del duo sangre-fría Dahl, Jarek estaba en aquella taberna con un gesto tedioso sentado sobre la barra bebiendo whisky como si fuese agua mientras de reojo vigilaba a la figura delicada y con gracia que danzaba en el centro de la pista de baile perteneciente a su hermana menor, la encantadora, inocente y a la vez sádica Lennale; se empezaba a hartar de aquella fiestecita. No estaría ahí si no fuese por las "grandes" ideas que se le cruzaban por la cabeza a su rubia y única familia: poco antes de un año atras Lenna los inscribió a ambos para las pruebas de una pandilla que se estaba haciendo popular para pasar el tiempo; en la cual no tubieron dificultades para posicionarse como primer y segundo lugar en todas y cada una de las pruebas.

Suspiró frustrado. Desde hace rato unas decebradas al otro lado de la pista no dejaban de parlotear como cacatuas y volteaban cada tanto hacia su presencia; irritandolo aun más. Se había parado decidido a tomar a su hermana por el brazo y salir de ahí de una vez por todas cuando, al voltear hacia los alrededor para ver donde car*jos estaba el idiota de Titus, divisó a Cas sobre una mesa despocritando contra media pandilla con las mejillas coloradas y una botella de vodka en la mano.

Frunció aun más el ceño y una rabia incontenible se apoderó de él: su pequeña sublíder había sido engañada por una bola de cerdos que solamente estaban ahí para aprovecharse de la situación. Sin dudarlo y olvidandose por completo de vigilar a su preciosa hermana menor, caminó con paso pesado hasta aquellas mesas y se paró intimidante frente a ese novato que arrimaba peligrosamente la mano a las caderas de la ojiazul; acto seguido, un puñetazo duro y efectivo cargado de furia hizo estampar al nuevo recluta al otro lado del salón. El ambiente se tensó en automático y todos los rostros se voltearon hacia Dahl, entre asustados y desconcertados; Cayse no fue la excepción.

Jarek tenía ganas de matar a todo el mundo: a todos esos cerdos asquerosos que lo veían con terror, a todos esos mirones estúpidos que no habían hecho nada para evitarlo, a todos los trabajadores por permitir tomar a una menor, al idiota de Titus por no cuidar a Cas e irse a conquistar a cabezas-huecas; a todo el mundo menos a Lenna, Cas y la líder. Y lo hubiese hecho de no ser por aquel tono femeníno que le llamó justo antes de golpear a esos ineptos que estaban sentados con cara de espasmo.

 -¿Qué rayos te pasa Jek? ¡Sólo nos divertimos! -La sublíder reía estrepitosamente cuando él se volteo para encalarla, no esperaba que alguien viniera a interrumpir sus insultos que escaseaban de seriedad.- Anda, no seas aguafiestas y ven a tomar con nosotros. -Y levantó la botella en gesto de celebración, para luego sonreir con pasividad debido al alcohol-.

No pudo soportarlo más: esa sonrisa estúpida, esos cachetes rosas que hacían ver que había tomado, ese cabello negro como la oscuridad, esos ojos tan azules como las noches en donde Jek cazaba a sus enemigos, esa piel blanca que no quería que fuese manchada por cicatrices idiotas como las de su espalda de él, y esa expresión que de pronto cambió a confusa cuando vio como el muchacho se mordía el labio por la contrariedad. Todo eso, aunando el hecho de que tenía una cantidad bastante alta de alcohol sobre su cuerpo hizo que los hormigueos en sus músculos y el corazón dolido de tanto latir incrementandose; perturbandolo tanto en ello que unicamente pudo tomar de la cintura a Cayse y salir del establecimiento asegurandose de que nadie viera su rostro, que seguramente no tenía ese aspecto frío de siempre.

 -¡Eh, Jarek, sueltame! -Pataleaba y golpeaba con sus puños la espalda de su guardían, como lo había llamado después de renunciar a sus sentimientos por él, para librarse de su agarre; pues aunque SB era por su fuerza la sublíder, Dahl era fornido y grande.- ¡Bajame recluta! ¡Es-una-órden!
 -Como quiera sublíder. -Había recompuesto sus facciones, y se encontraba molesto de haber perdido el control por una mocosa como lo era Cas; así que al oir la órden directa hacia él por mero caprichoso y abusando de su autoridad para que la soltara, dejo que la pelinegra cayera de sentón sobre el pavimento-. Digame qué quiere.
 -¡Eso quisiera yo saber! ¿Por qué me sacaste del bar de ese modo? ¡Parecía saco de papas! -Estaba molesta, se le notaba por el ceño fruncido y las manos cruzados frente al pecho luego de incorporarse del impacto.- Estabamos tomando tranquilos y tú vienes a arruinarlo todo.
 -Estaba borracha Sublíder, y los reclutas empezaban a tomar a la ligera su posición y autoridad. -Se había parado recto y firme, con fiel soldado a las reglas y los honoríficos; pese a que Cas fuera su amiga, antes de eso era su superior.- Podrían haber abusado de usted.
 -¡Soy lo bastante fuerte como para defenderme sola! -Se le había puesto el rostro rojo de ira, pues Jarek no era de los que la subestimaban. No entendía a que venía todo aquello, sólo había tomado una botella de vodka; no era tan grave.- Eres un pesado Jek, no me hubiera pasado nada.
 -Simplemente me quería asegurar de que estubieras lo suficientemente sobria como para mantener la cabeza fría en una situación complicada. -Lo había llamado por su apodo, ya podría dejar las etiquetas a un lado; y haciendo notorio esto, cruzó los brazos sobre su torax y la vio con aire de sobreprotección.- Cuando te pasas de copas no eres muy útil.
 -¡Te recuerdo que le pateé el trasero a cincuenta estúpidos yo sola y con las manos vacias! -Hubo cierta vez que EK y SB estaban patrullando los territorios del norte mientras que los hermanos Dahl iban con los del centro; Titus y otros 25 hombres de los cuales solo 10 eran experimentados tendrían una pelea por una prefactura del sur. Habían alrededor de 70 enemigos y no habían acabado ni con la mitad cuando todos los gangsters de Kyoto estaban malheridos; Fuego Descontrolado llegó en el último momento corriendo y noqueó a todos los que quedaban en pie.- ¡De inútil no tengo ni un pelo Jarek! ¡Ni uno!
 -No se puede asegurar cuando tienes una botella entera de vodka en el intestino Cas. -Endureció la expresión: no le gustaba que la ojiazul tomara en público, puesto que era más peligroso. No había problema si era en casa de Titus y estaban sólo ellos cinco, pero con gente se perdían de vista los unos a los otros.- Sabes que no debes tomar tanto.
 -No me tienes porque regañar. -Volteó la mirada e infló los mofletes, caprichosa. Cuando Cayse estaba borracha se volvía caprichosa.- Bruto.
 -Lo que sea, lavate la cara. -Calculador como lo era todo sangre-fría que se hacia respetar, Jarek la había dejado justo en frente de un bebedero que era parte del establecimiento.- Si te la lavas, te dejo entrar.
 -Bruto. -Masculló de nuevo, sin cambiar de posición. Le hacia perder la paciencia que la nana Dahl la estuviera cuidando dado que ella conocía muy bien sus límites, y tomar esa botella de vodka no había sido la gran cosa; el efecto pasó después de ser tirada al suelo-.

Jarek esperaba pasientemente a que Cas tomará del bebedero y se refrescara la cara, pero al ver que ésta insistía en no hacerle caso apreto la mirada; fijando sus ojos sobre el rostro todavía un poco rosado de su mejor amiga notó de nuevo la descarga eléctrica que recorrió su cuerpo de pies a cabeza. Recordó como la veía antes de sacarla del local, y lo que pasaba por su mente en ese momento; la temperatura amenazaba con subir y él se empeñaba en que no sucediese.

Necesitaba de toda su concentración para no verse descubierto pensando en su Cas de una manera nada adecuada siendo ella su sublíder, una chica menor que él y su mejor amiga. Rayos, no estaba funcionando; su gesto se tensaba más a medida que el tiempo pasaba y la valiente SB no cambiaba ese mohín de niña pequeña. Estaba pensando una mi*rda de estúpidecez por culpa del whisky. Sí. Era todo culpa del jod*do whisky. Aun así, no pudo detenerse.

No pudo detenerse. En lo único en lo que pensaba era en los aterciopelados e hidratados labios que tenía Cas; y éstos parecían atraerlo, casi queriendo ser probados por él. Y Jarek juraría por el resto de su vida que fue por culpa del whisky que no se pudo detener; que por culpa del maldito whisky había tomado la barbilla de su sublíder; que por culpa del estúpido whisky su corazón latía más rápido de lo que hubo latido jamás; que por culpa del mi*rda de whisky se acercaba más y más al rostro de Cas; y que por culpa del jodido whisky besó los labios de esa niña que hasta ese momento hubiera deseado aceptar sus sentimientos. Jodido whisky.

♣~Fin FlashBack~♣

Ese primer beso entre ellos había estado cargado de inseguridad, confusión, desconcierto y temblor. No sabían el objetivo de aquello, y hasta ese día aun no estaban seguros de porqué hicieron eso; pero no le habían dado vueltas después de haberse separado y verse a los ojos: no había ni una pizca de arrepentimiento, miedo o ansiedad.

La relación entre Cayse y Jarek era de amistad, compañerismo y camaradería: los sentimientos que ella albergaba hacia él se habían disipado poco después del rechazo; solamente significaba apoyo y comprensión. Por otra parte, él desde aquel beso despertó un enorme interes hacia la pelinegra: podría decirle a cualquiera cómo su sublíder había crecido esos dos años en todos los aspectos; más sin embargo sabía que había metido la pata hasta el fondo el día que la rechazó, y Cas sólo lo veía como un amigo muy cercano.

Y debido a eso se limitaba a callar sus pensamientos, ocultar sus emociones y conformarse con los rápidos pero reconfortantes momentos en que unía sus labios a los de Scarlet; significara lo que para ella significase.

viernes, 10 de abril de 2015

Capítulo 2

☆-Causar problemas-☆

Después de aquel estúpido accidente en el patio principal, habían llevado a los cuatro estudiantes a dirección y les habían dado una buena riña por parte de la subdirectora; mientras que el director solo se limitaba a ver como los nervios de esa mujer salían a flor de piel unicamente por esas dos alumnas, los muchachos estaban de sobra.

 -¿¡Acaso ustedes dos nunca entienden!? ¿¡Qué rayos tiene que hacer uno para que se comporten!? ¡¿Miren nada más como manchan el nombre de esta institución por su indisciplina?! -La señora Sayori se encontraba caminando desesperadamente de un lado a otro mientras los jóvenes y el director esperaban a que su humor se disipara.- ¡Apenas es lunes y ya tienen dos escandalos! ¡Dos, señoritas! -Volvio a señalar a ambas ojiazules que tenían el protagonismo en su mente.- ¡Deben hacerse responsables! ¡¿Me escuchan?! ¡A partir de ahorita y toda la semana lavaran los platos de la cafeteria por el mendigo escandalo que formaron!
 -Tranquila, señora Ritsu -Y ahí estaba el director, tratando de calmar a su atrolondrada compañera.- Es cierto que estas dos niñas han causado algunos problemas, pero ciertamente lo de la cafeteria no fue su culpa -Les sonrió. James se había encariñado con esas jovencitas por tener esa chispa; y ellas consideraban a ese viejo francés como un abuelo-.
 -Exacto Sayori -Al entrar en calor sabiendo que la máxima autoridad de esa divertida y peculiar escuela estaba de su parte, esa vieja amargada ya no tenía ningun poder. Y obviamente ambas chicas iban a sacar provecho de ello.- Yukin y yo ibamos a comer algo y esos idiotas aparecen armando ese jaleo -La pálida tomó de los hombros a su primera y verdaderamente mejor amiga y la jaló hacia sí misma. Después, una sonrisa complice se plantó en su rostro y vio de reojo a su compañera.- ¿No es cierto, Yukin?
 -Totalmente Scays -Sonrió con sorna; Scays realmente era una chica despreocupada sin remedio, y eso era lo mejor de ella. A su gran amiga le fascinaba desafiar a aquella señora de avanzada edad y hacerle subir la presión hasta que tubiera que tomar un sorbo de té rojo cada minuto para que no le dierá la coma; como en estos momentos.- Lo lamento de verdad Ritsu-sama, pero mi primo y mi amigo son algo idiotas. -Suspiró y movió la mano para restarle importancia al asunto; y era cierta su frustración, al menos en parte. Esos dos siempre le causaron problemas, los años que llevaban juntos-.
 -¡Y eso a mi que me importa! -La gran mujer se zafó del agarre de ambas mocosas y se volvió hacia ellas con un ceño fruncido más arrugado que una pasa. Lo habían logrado, pensaron de nuevo ambos muchachos amigos de esas dos chicas. La subdirectora volvió a, literalmente, perder la cabeza por las ojiazules. Y justo ahora venía la bomba, la bomba que a Yuki y Cayse les encantaba ver explotar.- ¡¡¡USTEDES, INCULTAS E INEPTAS CHAMACAS; QUE NO LES ENTRA EN SU INMADURA Y DELICUENTE CABEZOTA QUE ESTE ES UN COLEGIO PRIVILEGIADO DONDE NO HAY LUGAR PARA DOS ESCUINCLAS QUE SE ESCURREN CON LOS VAGOS Y DEGENERADOS A LUGARES IMPROPIOS PARA METERSE SUSTANCIAS ILEGALES EN EL CUERPO POR SUS DESEOS SUICIDAS! ¡NO SEAN ESTÚPIDAS, DEJEN DE METER AL INSTITUTO EN VERGONZOSAS E IMPRUDENTES SITUACIONES! ¡DESGRACIADAS INFRACTORAS DE LA LEY!
 -Nunca... -La réplica de aquella señora había dejado un ambiente denso, pesado y callado en toda la sala; pero aquella voz cargada de odio puro y desprecio hizo a todos los presentes voltear hacia la pelinegra. Lo que vino después nadie se lo esperaba-. ¡NUNCA JAMAS ME HE METIDO NINGUNA DROGA EN EL CUERPO! ¡MENOS HE ANDADO CON MALDITOS COBARDES QUE SE FUERON POR EL CAMINO FACIL Y AHORA ESTAN PERDIDOS EN SUS PENDEJADAS! -Tenía la cara enrojecida del coraje, los ojos echos chispa y los puños cerrados. El grito con el que lanzó esas palabras cargadas de odio dejó aún más difícil de respirar el aire de la habitación. Y no había terminado, claro.- ¡OJALÁ SE MUERA MALDITA VIEJA IGNORANTE, QUE USTED NO SABE NADA DE MÍ Y MENOS TIENE DERECHO A JUZGARME!

 -Scays, Scays. -La pelinegra había salido hecha una furia después de gritarle aquello a la subdirectora, que se quedó helada por unos instantes; cosa que Yuki aprovechó para ir tras su amiga del alma. Cuando creyó alcanzarla tuvo que voltear la cabeza hacia arriba para encontrarse con esa amiga tan íntima suya acostada en una rama.- Scays, baja ya.
 -No quiero. -Era una mocosa, eso todo el mundo que bien la conocía lo sabía. Cayse era testaruda al por mayor, y su enojo tardaba en disiparse; bastante tiempo más del necesario.- Esa estúpida per*a no sabe nada ¡NADA! sobre nosotras. -Sino fuese porque era una experta en las alturas, en estos instantes su cara estaría graciosamente estrellada contra el suelo; pero a fin de cuentas, fue Yukin y nadie más que Yukin quien le enseñó-.
 -Ya se que tú eres diferente, nuestra pandilla es diferente amiga. -La pelirroja subía agilmente por el tronco y las ramas principales del árbol hacia Cayse mientras trataba de hacerla reflexionar.- Pero ella no tiene que saber nada de esto, como dijiste... -Sonrió al estar por fin a su lado, y una ceja se levanto mientras la otra bajo, haciendo un gesto complicito.- Nosotros, nuestra pandilla y todos los que la integran, somos una gran familia que se ayuda mutuamente.
 -Es verdad. -Le devolvio la sonrisa, y entonces un extraño y agudo sonido las distrajo. Provenía del bolsillo de la falda de Yuki. El dichoso trasto llamado movil.- Contesta-

Número: 81X XXX XXX XXX
De: Lenalee
Asunto: Estar juntos
"¿Vienen a casa de Titus? Iremos Jarek y yo después de la pelea ¡Habrá comida!"

Yuki sonrió, Lenalee siempre encontraba el momento para hacerlas sonreir; a ella y a Cayse. Luego de eso su mejor amiga calmó sus facciones y dio un gran y hondo suspiro, y entonces en su tono ya no tenía agresividad cuando habló.

 -Vamos a casa de Tit, quiero estar con Jek -Una sonrisa surcó los labios sonrosados que resaltaban el blanco cutis de la muchacha más jóven, aunque sólo por unos meses-.
♣~♣~♣~♣~♣

En otro lugar, para ser más exactos en el barrio de Shin-Sekai estaba en un callejón de mala fama diez jóvenes de no pasados los treinta años; todos con un aro en la oreja derecha y una mirada hostil que escondía un miedo por la otra pandilla de gangsters que tenían enfrente. Los tres individuos que les hacian duelo esa tarde eran solamente dos hombres y una mujer; llevando como distintívo una chaqueta negra y en la parte frontal superior izquierda un escudo de dos alas entrecruzadas de color azul y blanco.

Estaba por comenzar una pelea entre gangsters, siendo protagonistas la pandilla de Okinawa contra la de Kyoto. La pandilla de Okinawa era dirigida por un mafioso que desde hace poco menos de 6 años se las vio y se las deseó; puesto que la pandilla de Kyoto por aquel tiempo sufrió un cambio, un extraño cambio en sus lineas que empezó a causarle serios problemas. Los representantes de la pandilla de Kyoto eran de los más altos rangos dentro de la formación; y ese día pelearían por una buena causa: traer orden y justicia en las calles de esa prefactura.

 -Que aburrido. -El muchacho de la izquierda, teniendo las manos en la nuca y una expresión que daba a entender que no quería estar ahí abrió la boca para expresar su descontento.- ¿Está es toda la basura que mandaran para defender su terreno? Entonces no me necesitan.
 -No seas malo Titus. -Al lado derecho, la única mujer de esa situación lo vio reprochante.- Quiero divertirme en la pelea, y para eso tenemos que estar los tres. -Lo dijo en un tono delicado, sin mostrar que era fuerte; al menos por ahora-.
 -Ya guarden silencio en el trabajo. -El tercer miembro, el otro hombre que ocupaba el centro de su formación, optó por remangarse las mangas de la chaqueta y acomodarse el cuello.- Terminemos con esto, Cas vendrá a casa y no podemos hacerla esperar.
 -Sí. -Los otros dos solo atinaron a hacer lo mismo con sus mangas y avazar cada uno con una expresión que se adaptaba a su personalidad: un despreocupado, una chica que quiere divertirse inocentemente y un sangre-fría-. 
♣~♣~♣~♣~♣

 -Al final tendremos que lavar platos por dos semanas. -Ambos muchachos salían de dirección con fastidio; después de que las chicas huyeran la furia de la vieja esa se desquitó sobre ellos.- Tendré que posponer mis actividades del club de kendo. -El jóven peliazul suspiró con pesar-.
 -¡Eh, que sigo aqui a lado! -El ojimorado resongó con enojo; por culpa de ese confianzudo de Riquelme también tendría que posponer sus prácticas de soccer.- ¡Todo esto es culpa tuya! ¡Y luego me toca estar en la cocina contigo!
 -Que tampoco a mí me agrada la idea. -Gruñó. Ese monstruo poblematico le estaba causando fatiga, de nuevo.- Sí tan solo me hubieras dejado saludar tranquilamente a Erin no estaría en este lio.
 -¡Ya te dije que no la llames con tanta familiaridad! -El castaño casi gritó dicha frase y se volteo bruscamente hacia su compañero y amigo de la infancia de su prima más querida.- ¡Mira que eres insistente con Yuki! ¡Ya dejala en paz!
 -¡Quien debe dejarla en paz eres tú! ¡Insoportable fenómeno que le hará daño! -¿Cómo rayos este idiota se había colado en la vida de Erin? Ella era demasiado buena como para tener un familiar como él. Menos mal que sólo es un familia.-
 -¡Yo JAMÁS le pienso hacer daño a Yuki! -¡Era el colmo! Ese maldito Riquelme piensa que sólo por ser lo que era heriría a Yuki en algún momento. La idea le repugnó y se puso en posición de ataque, dispuesto a luchar para demostraer lo que decía.- ¡Anda, ven y te lo compruebo!
 -¡Quiero ver! -Él no le creía ni una palabra; podría usar su fuerza para derrotarlo facilmente y entonces ahí Erin se daría cuenta de lo que es capaz ese animal.- ¡Tú, imbecil e impulsivo fenómeno!
 -¡No me detengas Yuki/Erin! -Los dos estudiantes estubieron a punto de soltar su mejor golpe después de lanzar esa unisonora frase que decían por inercia ya cada vez que se peleaban y su amiga estaba cerca sino fuera porque, extrañamente, ella no estaba ahí.- ¿Dónde está?
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 -¡No seas idiota! -Yuki no pudo evitar reirse ante el comentario del estúpido de Titus, realmente era un griego idiota de 19 años que la hacía reir a todas horas.- ¡Esa chica solo te quería por el chaleco!
 -¡Claro que no! ¡Ella estaba encantada con mi perfil! -Estallido de carcajadas. Ese pelinaranja de Titus era un casanovas de los más mañosos; que te encontraba "por casualidad", te invitaba al cine, a un restaurant de lujo y terminaban en un hotel haciendo cosas de adultos.- ¡Te lo juro!
 -¡Claro, cómo no! -Él y la peliroja se llevaban muy bien desde que se conocieron hace 4 años; con él Yuki aprendió a beber y a fumar, y con ella Titus aprendió a... ser menos casanova.- ¡Maldito mujeriego! ¡Titus seductor de pacotilla! -Tenía un tazon de sake en la mano derecha y abrazaba por los hombros a su compañero de bebidas con el brazo izquierdo.- ¡Tú y tu rutina de siempre y tus conquistas más grandes que tú!
 -¡Al menos yo hago conquistas! -Ambos chocaron los tazones y de un solo trago se echaron el sake en la boca.- ¡No que tú, mirate! ¡Soltera y enamorada de un idiota!
 -¡Deja de llamarlo idiota! -Se ríeron, no podían hacer casi cualquier otra cosa estando medio borrachos. Pero al menos Yuki gracias a que aprendió a beber podía razonar, un poco.- ¡Que gracias a él los llegamos a conocer a los tres!
 -¡Y que lo digas EriKino! -Así es como las llamaba desde que ella y ScaBra dijeron que liderarían la pandilla de gangsters de Kyoto desde las afueras de dicha prefectura; por lo que podía tratarlas menos formal.- ¡Aún recuerdo esa semana tan locochona! ¡Maldita primera impresión!

♣~FlashBack~


 -¡Ah, que aburrido! -Habían alrededor de 200 personas en aquella plaza descuidada y sucia, todos queriendo ser candidatos para la dichosa pandilla más fuerte de todo Kyoto. Y él estaba ahí, sin interes alguno y sólo por perder una estúpida apuesta.- ¡No quiero estar aquí, me aburro~!
 -Bueno, empecemos. -En el pequeño podium un tipo de cabellos azul oscuro y chamarra negra con un raro dibujo en donde según estaba el corazón calló a todos en la plaza.- Estan aquí para ser miembros de la pandilla de Kyoto, pero no los 200 se quedarán; sólo aceptaremos a cinco personas que realmente cumplan nuestras expectativas. -Buscaba con la mirada algo en esos papeles que tenía en la mano mientras hablaba despreocupadamente.- Habrán 4 etapas, y en cada una se irá eliminando gente. De entre los cinco seleccionados tres trabajarán cerca del jefe; pero para seleccionar a ellos de entre los cinco habrá otra etapa mucho después.
 -Formence hombres y mujeres en filas diferentes. -Otro tipo, uno algo gordo y vejete para ser gangster se paró a lado del que hablaba y dio la orden. Y ahí iban todos a formarse. ¡Vaya! Habían mínimo 30 mujeres; seguro todas caen rendidas ante los encantos que tanto presumía.- Pasaran a tomar su placa de la mesa y luego se les darán las instrucciones para la primera prueba.

Mientras cada jóven aspirante agarraba su ficha y se ponían del otro lado del liston hubo varias chicas, y sólo tres hombres, que simplemente se echaron para atras. Y los tipos esos no parecían molestos o sorprendidos. Ni nadie de ahí, de hecho.

 -¿Sólo fueron doce está vez? -Luego de agarrar el número 58 de aquella mesilla raramente no vigilada y pasar hacia el liston escuchó accidentalmente a una chica de ropas seductoras y proporciones abundantes decir eso con desdén; como si fuese muy común.- Son una humillación para todos los demás concursantes.
 -¡No nos llegan ni a los talones! -El chico de a lado que la tenía posesivamente agarrada de la cintura soltó una gran carcajada y pego más a su acompañante hacia sí.- Se la pasarán desertando antes de empezar la primer prueba hasta que lleguen a la edad máxima.
 -¡Pero claro que un novato como tú no lo entenderá! -Se dieron cuenta. Había sido demasiado obvio; pero aquellos grandes pechos y ese firme trasero lo traicionaron.- ¡Vaya que para ser tu primer año tienes agallas para andar espiando conversaciones ajenas de los experimentados!
 -¡Tsk! -Vaya fiasco. Tentadoramente atractiva pero podrida por dentro. Lástima, la tendrá que tratar sin rodeos.- Experimentados, sí, claro ¡cómo no! -Se cruzó las manos tras la nuca y soltó un bufido; se volteo hacia la pareja y puso cara de fastidio.- Y como son experimentados han estado en esto por años sin pasar la prueba, ¿eh, fraudes?
 -¡Callate mocoso, que esto no es tan facil! -Había perdido los estribos, se le notaba en las mejillas rojas que tenía y en que el tipo ese la tenía aun más sujeta. Ni se inmutó, estaba acostumbrado a ver a las mujeres hacer pucheros. Solo que este no era tan agradable ni precioso.- ¡Ellos te ponen muchas exigencias, cada etapa va aumenta su nivel de dificultad! ¡Además, los experimentados como nosotros han estado en la última etapa más de cinco veces!
 -Y por eso mismo son un fraude. -Bostezó; no es como sí de verdad le importará, pero gracias a lo que dijo aprendió aunque sea un poco, y eso le serviría para avanzar y sobornar al idiota de Eduardo que le puso ese estúpido castigo.- Sí son experimentados que tienen más de cinco veces haciendo estas pruebas significa que ya son viejos, tienen más edad, menos resistencia, más "experiencia" que aun así no saben aprovechar para pasar las pruebas, son tradicionalistas, no conocen los nuevos métodos de gangsters y son ob-so-le-tos.
 -Que forma tan dura de exponer a los experimentados. -Una niña, una loli, apareció de repente frente a ellos de brazos cruzados y expresión divertida. Volteó hacia los tres, y sonrió para él.- Pero, a fin de cuentas, los experimentados hacen más divertido este juego. ¿No Joyle? -Fijó la vista en esa abundante mujer podrida y alzó una ceja esperando respuesta-.
 -¡P-Por supuesto! -Asintió rápido e hizo una reverencia ¡Qué carajos! ¡Hace un rato la mujer "experimentada" se le estaba poniendo el tiro y ahora se reverenciaba ante una loli! Las lolis son hermosas con su pecho plano, su baja estatura, su ternura, sus mejillas sonrosadas, su expresión ingenua y tranquila, su cuerpo tan poco desarrollado y sin embargo exquisito e inocente ¡Pero que otra mujer se inclinará ante una loli es abominable!- ¡L-Lo que diga señorita!
 -¡Vaya, ahora te inclinas ante está loli participante! -La examinó bien. No era enteramente una loli, era más bien una niña jugando con fuergo. Le acarició la cabeza por acto reflejo; no porque él fuese mucho mayor que ella (no podía tener más de 10 años y él apenas había cumplido los 15), sino porque era una ternurita.-Pequeña, hay un límite de 13 años para entrar, tú no deberías estar aquí.
 -Es verdad. -Le devolvió la sonrisa, y segundos después se vio tirado contra el suelo tras ella; y todos lo estaban viendo entre burlones y fascinados. Se acunclilló a su lado y le sonrió.- Es verdad, pero este es mi lugar.
 -¿Quíen eres? ¿La hija del líder? -Se sentó y se sacudió el polvo del chaleco, odiaba que se ensuciaran las prendas que tanto le gustaban.- ¿Vienes a ver como tu papá contrata a personas para protegerte?
 -No, mi padre ha de estar en su país natal por negocios; y no formaría nunca parte de este ambiente más que por mi madre, pero ella ya se retiró hace... 18 años. -Se puso en píe, sacudió sus manos y sonrió orgullosa.- Yo soy la líder de la pandilla más fuerte de Kyoto, EK como se me conoce; una pequeña leyenda urbana.

Literalmente, se quedó helado. No esperaba que la mente maestra de aquella pandilla de gangsters tan épica e invencible fuese comandada por una mujer, menos por una niña de apenas 10 años. No supo como responder, pero de algo estaba seguro: pasar cada etapa iba a estar en chino.

♣~Fin FlashBack~♣

 -¡Vaya primera impresión nos dimos! -Habían pasado al siguiente envase de sake y se reían después de recordar tal capítulo. Estaba claro que Titus no había empezado con el pie correcto, o quien sabe-.
 -¡Mendiga mordida de lengua que me di esa vez! -EriKino en aquel momento le pareció una niña imponente y solitaria: jugando a ser la comandante de un ejército destructivo mientras sus padres la dejaban sola. Que extraño, no ha cambiado mucho con los años-.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Capítulo 1


☆-Reputación-☆

 -¡Lincond! ¡Prado! -Nueve de la mañana. Instituto Privado Tsubasa. Dos chicas de la clase 1-5. Parte trasera del edificio central. Un árbol. Una subdirectora enojada. Una ardilla pequeña. Dos años después.- ¡Bajen de allí ahora mismo! ¡Dejen a esa pobre ardilla!
 -¡No queremos! -Ambas ojiazules estaban trepadas a un enorme roble, con una ardilla bebe en las manos, el uniforme rasgado y una sonrisa burlona en sus caras.- Sólo es un árbol, Sayori -Mientras que la pelinegra le hacia gestos a la señora canosa que se encontraba en el tronco; la pelirroja subía un poco más por las ramas con el animalito entre manos-.
 -¡Es contra el reglamento! ¡Y soy maestra subdirectora para ustedes! -Caminaba de un lado al otro buscando la manera de bajar a esas dos jovencitas desobedientes; esas dos jovencitas que causaban toda clase de problemas.- ¡Ya veran cuando traiga al director aquí! -No esperó respuesta de las alumnas y se fue apresuradamente hacia la dirección-.
 -Apura Yukin -Cayse veía como aquella mujer salía de su vista con una gran sonrisa burlona en su rostro.- La ardillita tiene que estar a salvo, pero Sayori nunca sabrá el porqué estamos aquí. -Su mirada se volvio hacia su compañera y amiga con un tono en la voz divertido-.
 -Lo se Scays, lo se... -Por otro lado, Yuki escaló un poco más hacia la frondocidad del árbol hasta que por fin lo hayo: un hueco en el tronco donde resaltaban un par de bellotas.- Ya lo encontré, solo tengo que dejarla ahí. -Con mucho cuidado, la chica de sangre internacional colocaba al animalito en el hoyo.- ¡Listo! Vamonos antes de que Sayori venga con James a podrirnos la vida.
 -Ni lo menciones -Terminada esta última consonante dicha por la más pálida, ambas muchachas bajaron del árbol en un salto perfecto y corrieron rumbo al edificio por el lado contrario de donde se había ido aquella señora de unos... ¿mil años? Tal vez-.

Teniendo quince años, Yuki Erin y Scarlet Cayse eran dos chicas muy activas que disfrutaban hacer sus travesuras para que la vida fuera menos aburrida, y es que en aquel costoso y privilegiado colegio de nivel medio superior tenía muchas diversiones; como la subdirectora y el director.

Aquella amargada mujer se llamaba Sayori Ritsu y tenía unos 40 años dando servicios como subdirectora en esa institución. Jamás ningún estudiante la había desafiado e incluso humillado frente a sus superiores como solo esas dos lo lograron. Eran las mocosas más insolentes, maleducadas, caprichosas, obstinadas, desobientes y burlonas que pudieran existir. Sin embargo, las dos chicas disfrutaban el sacar de sus casillas a esa horrible señora que pareciese no sabía nada más que trabajar.

James Montesqueie era un viejo francés director de ese colegio que se había mudado a Japón por asuntos familiares hace ya varias décadas y ahora estaba sentado en un escritorio, observando a esas alumnas irse por los jardines hacia el edificio de clases. Sería mentira sí se dijese que no las quería por ser revoltosas, pero sin embargo era verdad que siempre habían quebrantado las reglas del instituto. Lo cierto era que para James, ambas jovencitas eran la chispa que su colegio necesitaba desde hacia tantos años; aunque para ello tendría que aguantar el caracter tan atolondrado de su compañera subdirectora que estaba más que dispuesta a despojarlas de sus privilegiados uniformes de la Tsubasa en cuanto él dierá la orden.

Como sea que estuviese el asunto, ambas ojiazules ahora iban entrando a su aula para su tercera clase del día y su materia favorita: deportes. Lincond era experta en cualquier deporte donde se necesitara un balón; y Prado tenía su mayor fuerte en las peleas cuerpo a cuerpo, escalada libre y saltos extremos. Juntas, arrazaban en el gimnacio ante cualquier estudiante; y eran el orgullo en todas las competencias deportivas a nivel estatal, municipal, federal y nacional.

 -Prado, a las barras ¡ahora! -Al fantástico profesor de deportes le encantaba humillar a todo aquel que no podía hacer lo que él si podía; o poner a los deportistas en una dificil situación de una secuencia no conocida para ellos. Pero para las deportistas estrella no era el caso.- ¡Veinte en cinco minutos! ¡Y si no lo haces son veinte vueltas a la cancha!

¿20 barras en cinco minutos? En demasiado tiempo para ella, ya quisieran algunas de los chicos más menudos tener ese tiempo para hacer apenas la mitad. Luego de 1 minutos ya estaban hechas todas las barras, y nunca faltaban las miradas envidiosas.

 -Ya estan otra vez esas dos estúpidas presumiendo en la clase. -Vaya, volvemos a los problemas. Hay un grupito de chicas que siempre causan problemas, y entre ellas hay dos muchachas que simplemente son insoportables para Yuki y Cayse-.
 -Ya estas otra vez pavoneandote Oddette -Ambas ojiazules se cruzaron de brazos frente a esas idiotas. Oddette era sin duda, la lider de todas esas cabeza-hueca; pero no era la única serpiente venenosa-.
 -Ustedes no deberían decir algo sobre pavonearse, Kinomoto y Brave -Una muchacha de cabellos castaños por encima del hombro y ojos turquesa oscuro salió de detras de la rubia y vio con mirada serena al par de deportistas-. Desde que llegaron hace 11 meses no dejan de destacar y parece no molestarles -Les sonrió dulcemente, nada extraño en ella-.
 -Hace mucho que no te veo Hipólito -Cayse simplemente no soportaba a las niñas pijas, y a Yuki le daba exactamente igual. Pero Tiffanie no era una niña pija cualquiera, ella era...- La otra serpiente venenosa -La pelinegra botó esas palabras en el aire como las de una novia celosa reclamandole a la amiga de su novio-.
 -Dejalas en paz Scays -Yuki se acercó con un aire malicoso y vio unos segundos a ambas chicas que tenía enfrente- Que sean unas estúpidas sin cerebro no es su culpa, no totalmente -Les sonrió, una sonrisa totalmente falsa y cargada de veneno; tal como esas dos culebras-.

Oh, si. Cuando querían, Yuki y Cayse podían ponerse muy pesadas; estaba entre sus principios no golpear a las mujeres, pero cuando eran esas dos estúpidas oxigenadas esa regla estaba a raya. Aunque Tiffanie se veía inofensiva, realmente era de aquellas que se hacían las pequeñas inocentes y atacaban cuando menos te lo esperabas; hechandose atras protegida por su dulzura y encanto que habían hechado sobre todos los hombres.Y Oddette era la típica rubia mimada ricachona, pero lo que igual tenía de clichosa, lo tenía de original: la habían visto varias veces en los rincones del campus con un grupo de chicos de último año haciendo cosas no muy... públicas.

 -Ustedes dos... -La rubia de ojos verdes aceitunados se les acercó contoneando sus caderas y con un aire de superioridad rodeando toda su existencia. Su irritante existencia- Deberían irse por ahí a ver si un pobre y sucio vagabundo las quiere en su escuela de marihuanos anonimos. -Escupió dicho insulto con tal hipocrecia, que Tiffanie, que estaba a su lado, se quitó de su mascara de niña buena y aventó como remate una enorme carcajada-.
 -Yo creo que ni un vago podría quererlas -Cualquiera que viera en ese instante a la dulce Tiffanie diría que no es ella, con esa risa burlona en su rostro y sus ojos turquesa brillando de maldad. Pero lo cierto era que así era realmente, esa era Tiffanie de verdad.- Digo, nadie se arriesga a que su alumna salga a quien-sabe-donde, seguramente haciendo cosas ilegales. ¡Cuidado! ¡Una delincuente! -Estaba provocando a Cayse, todas lo sabían-.
 -Muy graciosa pitufa -La pelinegra fruncio el ceño. La maldita chillona de Tiffanie no sabía nada acerca de su vida ni de sus problemas en casa, ella tenía todo lo que su mimada mente quisiera.- Al menos yo no necesito el cariño de todo el mundo porque mi estúpida madre no me presta atención y no existo para ella.
 -Ya, ya Scays -La pelirroja-castaña no tenía ninguna intención de meterse con esas idiotas decerebradas, y no quería que su amiga cayera en sus juegos inutiles.- Deja que sigan diciendo, total... -Empujó un poco por la espalda a su compañera que compartía el mismo tono de ojos dando a entender que se marcharían; pero un segundo después volvio la vista hacia ese par indeceado-. Solo las quieren por sus enormes traseros y su pechonalidad falsa, porque no hacen ni una pizca de todo el ejercicio que tú y yo hacemos a diario. -Otra sonrisa por su parte, pero con las mismas intenciones que la anterior: finjida cortesia que ellas mismas aplicaban a todo el colegio-.
 -Mejor deja de entrometerte, sucia mezquina -Oddette dio otro paso amenazador hacia ellas y plantó su mirada en el par de ojos zafiro de la chica de cabellos de fuego. Aquella chica que siempre había odiado, esa estúpida chiquilla mezquina de padres latinos que no tenía porqué estar ahí-.

Ambos pares de chicas, Oddette y Tiffanie y Yuki y Cayse, se vieron con ojos de pistola; el odio que emanaban una por la otra era palpable. Cada una tenía un odio especial hacia su contrincante.

Oddette Boulete tenía un odio especial hacia Yuki Erin Prado Kinomoto. La conocio en vacaciones de verano antes de entrar al Instituto Privado Tsubasa. Estaba de compras en un centro especial super exclusivo cuando la vio entrar: una mocosa de su edad con cabellos rojizos y ojos oscuros. Oddette no le dio importancia y siguió comprando, hasta que una pelota le llegó a sus pies ¡Había manchado sus divinas zapatillas de charol! ¡Que insolente! Estaba a punto de aventar la pelota hacia el estacionamiento cuando alguien la llamó. Era esa chica equis que entró hace rato. Fue hacia ella, la empujó, le dio la pelota al niño y lo dejó marchar. Después se volteo hacia ella. Oyó la palabra "Idiota" salir de sus resecos labios; y cuando se dio cuenta, todo el centro comercial la veía de mala forma. Esa humillación nunca se le pasaría.

Tiffanie Hipólito, por el contrario, detestaba a la gente que no disfrutaba de la buena vida en su casa. Para ella, Scarlet Cayse Lincond Brave era una majadera que no sabía aprovechar su vida, una barbara que prefería la calle antes que su casa, una chiflada que odiaba a su madre. Esa era la mayor razón por la que no la toleraba: Scarlet odiaba a su madre. ¿Cómo alguien en su sano juicio odiaría a su madre? Que más quisiera Tiffanie porque su madre la quisiera, que pasará al menos cinco minutos charlando con ella. Para ella, que Scarlet odiara a su madre era estúpido.

Por otra parte, ambas ojiazules odiaban a la gente así, gente que solamente pensaban en que la vida era color de rosa todo el tiempo. Cayse tenía problemas en casa con su madre desde los siete años; su madre era una estúpida manipuladora que quería que ella fuera como su hermana menor: una chica simple que era buena en el hogar y con las compras. Ella jamás entendería a su hija mayor, nunca se esforzaría en entenderla porque no es como ella; Christhina, su hermana menor, sí. Yuki, por el otro lado, había sufrido de las jugarretas de la sangre y el amor; aparte de que su actitud era reprobatoria por sus tías y le causaba problemas a sus padres.

 -¿Qué comeremos hoy Scays? -Acabando deportes con esas dos culebras acechandolas las deportistas femeninas se encontraban caminando por el colegio. Los pasillos estaban vacios, se notaba que era descanso general.- Esta la cafeteria repleta de comida esperando por nosotras amiga -Uno de los placeres que compartían, aparte de escuchar música y relajarse o divertirse, era el de comer. Amaban comer. Yuki era de cosas dulces y picosas, Cayse de cosas amargas y saladas-.
 -No lo se... -Hizo una mueca la más pálida de las dos, pensando en su desayuno de hoy.- Se me antoja algo con enokitake -Caminaban tranquilas, no tenían prisa por llegar; siempre había un bocadillo para ese par de populares y glotonas chicas-.
 -¡Yo quiero ramen! -La pelirroja amaba el ramen en todas sus variaciones, y el solo pensar en ya comerlo apresuró el paso de golpe.- Ah! Rayos... -Había llegado, a un tiempo record, a la entrada del patio principal. En el centro se arremolinaban los alumnos para intentar de comprar algo para comer, aunque ese no era el problema que tenía Yuki en la mente; se trataba de una persona-.
 -¿Qué pasa Yukin? -Scarlet la alcanzó y nada más oirla desvió la mirada hacia donde su amiga la tenía fija. Un momento bastó para que se pusiera roja como la grana; después de todo, era él quien la ponía así.- Thiago...

De entre todo el barullo, se alcanzaba a distinguir algo en concreto, un grupo de chicos de último grado. Mientras ellos pasaban por el patio, todos, incluyendo hombre y mujeres, se hacían a un lado para dejarlos pasar; no importaba si tenían que apretujarse, después de todo, eran los "deportistas más deseables". Y entre ese grupito selectivo de muchachos, se encontraba el primo de Yuki: Thiago Bergeron Monte.

Thiago estaba en último año, en el grupo 3-2. Era el deportista estrella del colegio, delantero titular, capitán del equipo y el típico que no le interesa ninguna chica si no más que como amiga. Pese a toda esa fama y el hecho de que sus padres eran de buenos recursos, nunca había abusado de ello, y trataba a todos con respeto; bueno, casi todos. Al otro lado del patio se encontraba otro grupo, algo más selectivo que el primero; su lider era al único que Thiago no trataba bien.

 -Ay, no puedo creerlo... -La pelirroja negó frustrada con un movimiento de cabeza al ver al otro grupo cabecilla de la escuela; igual de último año.- ¿Se puede saber que rayos haces aqui Hoku? -Dirigió su vista y su reclamo hacia aquel grupo, en especial a cierta persona, cierto muchacho.- ¿No puedo estar un día tranquila en la escuela sin ustedes dos causando alboroto? -Ahora su vista fue hacia el otro grupo, donde estaba ese jóven de melena castaña y ojos violetaceos se hayaba como lider-.
 -Estudio aquí Erin, se me antojó comer un takoyaki, ¿no puedo? -Al ver a su preciada amiga recibiendolo tan cálidamente en la cafeteria, Hokuto Riquelme sonrió con dulzura hacia todas las chicas presentes; aun sin percatarse de su contrincante. Riquelme y Bergeron eran los dos amigos más importantes para Yuki; uno su primo, y otro su amigo de la infancia. Lo que ambos detestaban era que el otro tubiera una estrecha relación con la persona más preciada para ellos; y eso los ponía en constantes discusiones desde el día en que se conocieron-.
 -No llames a Yuki con tanta familiaridad, Riquelme -Y ahí estaba de nuevo, el chico castaño y el chico peliazul compitiendo sin razón alguna. Desde su lugar a la cabeza de su grupo, Thiago veía con ojos fríos a aquel par de onix brillosos de su rival desde hacia tanto tiempo.- Vete de una vez a comer lo que querías y dejala en paz -Un gruñido provino de sus labios y un fruncido de cejas no se hizo esperar en la cara de ambos-.
 -Esto a ti no te incumbe, maldito monstruo -El peliazul de ojos oscuros y piel blanca como los ingleses tenía un odio hacia aquel familiar de su mejor amiga. Después de todo, él y toda su especie de sucios monstruos querían convertir a uno de ellos lo más preciado que tenía en la vida.- Vete a donde tu y toda tu familia pertecen y deja a Erin tranquila, no pienso permitir que termine siendo algo tan repugnante como tú
 -Eh! Eh! Basta los dos; no son niñatos para que esten así -La pelinegra que nada tenía que ver en ese pleito se había interpuesto entre ambos jóvenes que ahora ya se hayaban a tan solo 3 escasos metros y su mirada se paseaba de un par de ojos a otro con la esperanza de que esa estúpida pelea acabará de una ves. El hecho de que ella y su mejor amiga fueran un caso perdido no significaría que ellos también lo tubieran que ser.- La idiota de Sayori vendrá a llevarselos y no tendrá piedad por ustedes; además... -No es que le importará mucho lo que esa vieja amargada pudiera hacer o decir, si no que sabía cuanto le afectaban estas situaciones a Yukin y no quería verla mal; aparte de que...- No son tan estúpidos cabezas-huecas como para pelearse con otro solo por la aprobación de Yukin, al menos no aquí. ¿o sí? -Bueno, le gustaba el primo de su compañera de ojos zafiro como los de ella. Era algo inevitable que había pasado poco después de seís meses de llevarse con la pelirroja-castaña; cuando ésta la había invitado a una reunión familiar y lo había visto por primera vez: una cabellera tan lacia y resplandeciente como lo era la de aquel chico y unos ojos de un extraño y seductor tono violetaceo misterioso que paseaban por toda la estancia-.

Justo en ese momento, en el que Cayse Lincond se había perdido en sus pensamientos sobre uno de los contrincantes y Yuki Prado había tomado su lugar discutiendo sin contemplaciones con uno y con el otro; mientras Hokuto Riquelme y Thiago Bergeron no paraban de lanzarse miradas asesinas entró en escena la autoridad máxima del colegio... y todos los presentes se callaron.

Cuando la cabellera miel canosa estubo a la vista de los cuatro causantes del alboroto en la hora del desayuno hubo diferentes reacciones por parte de todos: la pelinegra puso ambas manos en la cintura y alzó la ceja, como reclamandole a ambos caballeros la situación en la que se encontraban; el jóven de ojos negros como la boca de un lobo calló de inmediato y bajo la mirada, avergonzado, no quería causarle problemas a su querida amiga; el muchacho de cabellera castaña oscura lanzó un bufido, por culpa del estúpido de Riquelme tendría que oir los reclamos de su madre solo por meterse en algo que no le incumbía; y la alumna de cabellos castaños-rojizos y ojos azulados záfiro suspiró y no atinó a decir otra frase más que...

 -Quien pensaría que está sería nuestra reputación en la preparatoria, ¿eh?

sábado, 29 de noviembre de 2014

Prólogo

-¡Cayse! ¡Cayse! ¡Ven aqui, te estoy hablando! -Una jóven de 14 años salía practicamete corriendo de una casa igual a las de toda la comunidad; tras ella la señora de unos 40 años, enojada- ¿¡A donde crees que vas a estas horas!? -Eran casi las 11 de la noche y mientras ambas mujeres corrían por la calle principal de aquella unidad, la más jóven apresuraba el paso; haciendo que la mayor disminuyera el suyo por el cansancio, la edad y la frustración.-
-¡Lejos! ¡A un lugar lejos de ti! -Las palabras de la ojiazul de tez pálida como la nieve y melena azabache salieron con brutalidad. Estaba claro que no quería estar en compañia de su progenitora.- ¡Dejame y vete con mi hermana! ¡Ella si te necesita! -No había pisca de dolor en esa frase, pues desde hacia mucho que ambas sabían que no se querían mutuamente. Sin embargo, trataban de sobrellevarlo de la mejor manera posible... aunque los choques no se podían evitar-.
-¡Eres una desgraciada! -Chilló la gran mujer de mirada marrón como último recurso. Detubo su corrida y su hija la siguió, pero ninguna de las dos se acercó a la otra-.
-¡Lo se! -Dicho esto, Cayse Lincond se dispuso a abandonar una vez más aquel barrio de ricos e ir al único lugar que la tranquilizaba: La azotea de un edificio de por lo menos 10 pisos; a la que lograba llegar gracias al inmenso árbol que se erguía a lado suyo, que escalaba siempre que quería ir ahí-.

Estaba a por lo menos media hora de su casa caminando, y cuando llegó la noche ofrecía un color tan oscuro en el cielo como la boca de un lobo. Una vez escalado el árbol y sentada en la azotea, la puberta sacó su guitarra acústica y se dispuso a tocar algunos acordes graves, suaves y lentos. Cerró los ojos para apreciar mejor el sonido de la melodia que llevaba componiendo desde hace un par de semanas y sintió como el amable viento acariciaba sus mejillas y revolvía su cabellera. Que hermoso era estar allí.

Ese lugar, SU lugar, lo había encontrado medio año antes; en una de sus tantas huidas de casa: una azotea en donde nadie nunca iba. No se tenía que preocupar de nada, ni de su madre que no la quería, ni de los inutiles cabezas-huecas de sus compañeros de la secundaria, ni del debilucho de Felipe que decía ser un punk y solo conocía una banda que no se considera punk. Nada de eso. Nada.

De repente, el silencio sepulcral que invadía a la noche fue interrumpido abruptamente por unos gritos sordos, unos sonidos fuertes, unas pisadas llenas de pesadez. Justo frente a la puerta del edificio donde estaba había una pelea, una pelea de gangsters. Para Cayse, los gangsters eran un grupo de personas estúpidas que no tenían nada mejor que hacer que pelear sin motivos contra otros de su misma especie.

Así que después de asomarse para acertar con sus sospechas apartó la cabeza del borde para volver a lo suyo, pero algo insual llamó su atención. Entre la pelea, de unos cincuenta o sesenta hombres de entre 16 y 30 años había una chica ¡Si! ¡Una chica! Y por encima de todo, no pasada de la misma edad que ella, y parecía estar protegida por cinco hombres bastante fuertes ¡Qué car*jo!

Era una niña de cabello marrón, casi rojizo, con unos ojos azul zafiro (como los suyos) y un cuerpo tan delgado que se movía con sutileza y rapidez en cuanto un gangster del otro bando traspasaba la barrera que tenía. A Cayse le entró un odio y envidia tal por esa chamaca que apretó los dientes y se dispuso a ver que hacia aquella criatura en medio de tal escena. Le tenía envidia porque logró a su corta edad, que unos bandidos idiotas como son los gangsters la protegieran por sobre toda la situación; pero igual le tubo odio al momento de verla en esa forma: Si logró que unos gangsters la protegieran con su vida ¡¿por qué rayos no hacía algo para luchar?! Estaba claro que la chiquilla sabía pelear, eso se notaba por el hecho de que siguiera intacta teniendo como única arma sus puños; y no era hija del presidente de la asociación, si no, nunca jamás en su mimada vida hubiera estado allí. ¿¡Qué mi*rda esperaba entonces!? Sin embargo, había algo que se le hacia familiar.

Mientras se carcomían sus entrañas por la gran frustación que empezaba a sentir, un ruido monumental detubo sus pensamientos. El golpe sordo había venido de la calle, abajo, como no. Al voltear de nuevo, se encontró con que uno de los "guardaespaldas" de la ocupande de su rabia había sido apuñalado en el estómago y se desangraba con suma rapidez.

-¡Les dije que se protegieran ustedes y me dejaran en paz! -Fue un momento después de aquella visión, con el hombre arrodillado en el suelo sangrando, cuando la jovencita vio con unos ojos compasivos al yacido en el suelo. Se arrodilló frente a él para curarle la herida, si es que tenía caso curarla. ¿Así que para eso venía? Era la enfermera-.
-Pero Yuki-sama... -Otro hombre, otro de sus protegedores, se acercó a ella y estubo a punto de tocarle el hombro; si no fuera porque, al parecer, sabía que no debía hacerlo.- Usted es nuestra lider ¿cómo podríamos dejar que el asqueroso enemigo la tocará? -¿Lider? ¿Ella era su lider? La noticia le cayó como valde de agua fría a Cayse ¿Una chiquilla de 13-14 años podía comandar a todo un ejercito de esos niveles de destrucción? Imposible. Ella debía tener algo escondido que la hizo llegar hasta ese lugar-.
-¡Callate Shinotsuke! Y lleva a Mamoru a que lo cure Ritsu -Se levantó de golpe nada más dar la orden, y en un abrir y cerrar de ojos noqueó a un enemigo que venía hacia ellos con una patada en la mandibula.- ¡Ahora! -Se volteo de nuevo hacia el mentado Mamoru al ver que éste no parecio captar lo que había sucedido hace unos segundos-.
-Sí, mi lider -Reverencia rápida, cargada del otro tipo semi-muerto, corrida veloz y ya es historia ese insidente; al menos en una pelea de gangsters. Sin embargo, el primer grito emitido por la chica hizo un pequeño cambio en la escena, pues sus protegedores se hicieron a un lado, dejandole a ella libertad absoluta de movimiento y espacio. En cuanto a los tipos contrarios, al ver a la niña claramente empezaron a retroceder; al menos, los más jóvenes ¿acaso era tan peligrosa?-.
-¿Saben algo, pandilla de Okinawa? -Su voz había cambiado. Ya no era la voz que empleo hacia el herido, ahora tenía algo diferente que la hacia fría, imponente y gélida.- No es nada bonito dañar a mis hombres, y mucho menos hacer trabajar a Ritsu por sus insolencias -Tenía la cabeza gacha, pero al alzarla solo un poco Cayse pudo notar un brillo en sus ojos, un brillo escalofriante-.

No reaccionó lo suficientemente rápido, pues cuando los ojos zafiro de la pelinegra volvieron a transmitir la información de lo que veían hacia su cerebro, toda la pandilla de Okinawa estaba tendida en el suelo, entre charcos de sangre. La vista de la chica en la azotea se centró en esa pelirroja y lo notó: había sido ella, solamente ella. Sus manos estaban manchadas de sangre y su cabeza volvía a estar agachada, pero ahora el aura que la rodeaba no era temible, era piadoso ¿Qué había pasado?

Otra laguna de recuerdos invadio su mente y sus pasos la condujeron a la esquina del edificio, justo en frente de la situación. Mientras los gandullones de la pandilla de la chica celebraban el triunfo, ella parecía... vacia. Cayse acercó sin pensarlo mucho, y entonces la reconocí ¡Era Kinomoto de la clase 6!

En la secundaria, entre los alumnos corre el nombre de Yuki Kinomoto como flecha; una chica de la clase 2-6 agresiva, problemática, peligrosa, ¡gangster! Apenas entró a primero el año pasado cuando, en una serie de sucesos en la cafeteria, le rompió el brazo a un chico de tercero que trató de quitarle el onigiri que traía en las manos. No la expulsaron porque una chica de su misma clase dijo que, de no ser por ella, el idiota ese seguiría molestando a todos los alumnos; aparte de que tenía notas muy altas. Pronto el asunto fue "olvidado", pues cada que pasaba por los pasillos siempre la seguía una mirada de miedo, si no es que más.

Lincond no se llevaba con ella, y no por los chismes y prejuicios que se decían a su nombre; si no porque para ella, era una persona antipática y nada parecida a ella. Además de que Charlotte, la chica que la salvó de su expulsión, era la matadita de su clase; y esas niñas pijas no se las tragaba ni a sol ni a sombra. No pensaba que la gangster de Kinomoto se llevará con ella, pero tampoco le importaba.

-¿Quén eres y que haces aqui, muñeca? -Volteo la cabeza. Rayos, uno de sus hombres. Estaba claro que se había distraido bastante.- Una preciosa chica como tú no debería andar sola por aqui a estas horas. -Una sonrisa torcida y lujuriosa se había puesto en su rostro, genial. Y es que Cayse no era una chica fea, pues su rostro era de facciones finas y su cuerpo estaba bastante desarrollado- Alguien podría hacerte algo malo, lindura.
-Si, ¿verdad Futaro? -Ambos pares de ojos azul profundo se encontraron. La pelirroja de Yuki se había reincorporado en cuanto oyó ese tono en uno de sus hombres; y la pelinegra de Cayse volteo la vista inmediatamente al oir una voz delicada.- ¿Qué haces tú aqui? -Su rostro reflejaba perplejidad. No esperaba ver a una chica de su escuela a esas horas, por esos lugares, en esa situación-.
-Vine a relajarme un poco de las quejas de mi madre, ¿algún problema? -Cayse no era de las chicas que podías intimidar, eso bien lo sabía la lider de aquellos gangsters; pero igual sabía que no era una sucia borrega. Sin preambulos, su respuesta y acciones no la extrañaron-.
-Mucho cuidado chiquilla -Un gruñido general se escuchó después de que aquella chica contestara de esa manera a su lider, y ponerse con tanta confianza a su nivel al grado de cruzarse de brazos y poner una cara arrogante-.
-Es compañera mía, así que calmense -Si algo era verdad de tantos rumores que circulaban de Kinomoto, era que no toleraba el mal trato hacia las demás personas, menos si era algo injusto.- Deberías irte a casa, estas no son horas para andar callejeando -Frunció el ceño. Aquella chica de la clase 4 siempre la había ubicado por algo, su toscocidad. Seguramente sería la famosa Cayse Lincond, la chica que siempre tenía problemas en casa y tenía un estilo muy rebelde.Vaya que tenía agallas al salir a estas horas-.
-¿Y para matar a hombres más grandes que yo si? -Resopló. Kinomoto estaba muy equivoca si creía que por ser una gangster iba a darle ordenes; ella era una chica que solo mataba por matar, no tenía ninguna otra razón de estar afuera, Cayse si.- Yo se lo que hago con mis noches, no tiene nada que ver contigo
-Lo mismo digo -Empezaban a oirse más gruñidos por parte de la pandilla; y Yuki no andaba para calmarlos, estaba más ocupada pensando en que hacer con la que compartía su color de ojos. Antes que nada, tenía que alejar a los chicos de ella, podían hacerle algo- Muchachos, vayan a la base
-Sí, mi lider -Un grito firmemente unisonoro le llegó a los oidos de Cayse y, un segundo después, todos esos gangsters estaban corriendo hacia los barrios más peligrosos del país-.
-¿Hace cuánto tienes problemas con tu madre? -La pregunta la sorprendio. No esperaba que una chica del linaje que tenía Kinomoto se preocupara por ella; si es que la pregunta venía con esa intención-.
-¿Hace cuánto te volviste gangster? -Sin embargo, no iba a dejar que se metierá en su vida solo porque no quería que la delatará. Y ahora mismo se lo iba a aclarar.- No me interesan tus razones estúpidas de esto, así que no dire nada.
-Poco después de cumplir los 9 años, y mis razones puede que sean estúpidas, yo misma me lo he dicho; pero lo dejaré cuando sea el momento. -Yuki se sabía la reacción de antemano, pero no era por lo que Lincond pensaba que le había preguntado; realmente quería saber.- Entonces, ¿cuándo? -Sonrió ligeramente con aire divertido. Si quería que aquella chica de estilo vintage-gótico se abriera con ella, tendría que mostrarle la misma cara de la moneda-.
-Pues... alrededor de los 7, pero las peleas empezaron a los 9. -No estaba muy segura de porqué le había respondido, pero estaba claro que Kinomoto Yuki quería saber de ella algo, por alguna razón.- ¿Cuáles son tus razones? -Le picó la curiosidad, y no le importaba si la pelirroja preguntará lo mismo. Realmente no parecía ser una gangster despiadada-.
-Son estúpidas, pero son mis razones -Risa. Cayse no había escuchado ni emitido ese sonido en bastante tiempo, y que ella y una "extraña" como lo era la chica que tenía enfrente lo hicieran tan libre y sinceramente era bueno.- Es un cliche, pero como ese cliche me llevó a esto pensé ¿por qué no aprovechar? No porque sea algo estúpido significa que lo que haga también tiene que serlo
-Pero por ser de algo estúpido, algo estúpido es -De repente, las risas sustituyeron los gruñidos y las malas miradas-.

¿Quien se podría imaginar a dos chicas de 14 años platicando normalmente a mitad de la calle a casi la media noche? Menos se podría imaginar que esas dos chicas serían amigas, ¿verdad?

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De acuerdo... Decidí cambiar un poco la historia, ya que no quería repetir una secuencia ya dada y bastante utilizada; sin embargo, el concepto sigue siendo el mismo, por lo que no cambie el titulo del blog, ni los personajes... hasta cierto punto ^^U
Espero disfruten esta nueva historia que les vengo a traer, y ojalá los insite a seguir leyendo.